23 Septiembre 2011
La Esquina de la Pulmonía en Tunja.
Tunja es una ciudad que se caracteriza por sus bajas temperaturas durante todo el año. Un promedio de trece grados centígrados, la condena a que sus habitantes vivan exageradamente abrigados. No es raro encontrarlos con doble chaqueta, con vestido de paño y abrigo o gabardina, o para los de mayor edad, con la clásica ruana y sombrero. Este frio vespertino contrasta con la calidez y amabilidad de sus habitantes, quienes lo solucionan rápidamente con un tintico (pocillo de humeante café), o un trago de Onix, delicioso aguardiente boyacense. O la mezcla de los dos, conocida con el nombre de “carajillo”
Por sus calles empinadas, corre un vientecillo cuyo silbido constituye el presagio de un buen resfriado. Sentir ese aire frio, casi helado sobre la piel de la cara resulta casi doloroso. De ahí el cachete colorado de muchos de sus habitantes.
Pero si alguien desea sentir el verdadero clima tunjano, lo mejor es que se ubique en la Plaza de Bolívar, especialmente en la esquina del Palacio de la Torre, en donde se encuentra la Gobernación de Boyacá, esta esquina es conocida como “La Esquina de la Pulmonía”.
Permanecer allí por varios minutos entre las cinco y seis de la tarde, es la mejor prueba de que en efecto se ha estado en Tunja. Nadie que visite esta ciudad puede decir que lo ha hecho, si no ha permanecido algunos minutos en esta esquina.
El viento que sopla por esa esquina, es el mismo que ha soplado desde agosto del año 1539. El mismo que “refrescara “a su Fundador, el Capitán Gonzalo Suárez Rendón, a las Hinojosa, a Calibán, al médico Juan Clímaco Hernández, al poeta José Joaquín Ortiz, al Maestro Emiliano González, al escritor Próspero Morales Pradilla y a tantos ilustres boyacenses que por sus calles transitaron.
Quien a Tunja ha venido, y en la Esquina de la Pulmonía no ha estado, entonces… a qué ha venido?




XX
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22 Septiembre 2011
MATINAL EN EL QUIMINZA
Mi infancia transcurrió en la ciudad de Tunja, por allá en los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Por esa época, recuerdo que las jornadas del colegio eran de lunes a viernes, durante todo el día, con dos horas de descanso para ir a almorzar a la casa. Los sábados, se asistía al colegio durante las horas de la mañana, y se remataba con la entrega de los temibles Boletines.
Si el dictamen del Boletín era “Excelente”, Sobresaliente o Bueno, se hacía uno acreedor al premio que consistía en poder ir al Cine el domingo en horas de la mañana, en la función de Matinal, a las once.
La verdad, a diferencia de los niños de hoy en día, una ida a cine, había que “ganársela”. Nada era gratis, siempre había que hacer mérito para ello.
El domingo resultaba un día muy especial. Era el día más esperado de toda la semana. Misa temprana. Desayuno sin afanes, bastante surtido. Un vaso de jugo de naranja, la típica “changua”, que consistía en un caldo lechoso con almojábanas o tostadas, cebolla y cilantro, Huevos pericos con cebolla y tomate, taza de chocolate espumoso y cantidades de pan. En mi familia se acostumbraba a mezclar en la taza de chocolate un buen trozo de queso campesino, que se derretía, por lo que se lo tomaba con cuchara.
El desayuno se servía después de la misa, porque para ese entonces, había que ir en ayunas para poder comulgar. Era una disposición de la Iglesia que para recibir “el cuerpo de Cristo”, se debía hacer en ayunas. Y sin trampas….nada de bocaditos antes de misa.
Después de cargar baterías con el desayuno, se dedicaba uno a preparar su colección de “cuentos”, o cuadernillos de comics, como La Pequeña Lulú, Pato Donald, Tribilìn, Periquita, etc. Estos cuentos se llevaban al teatro con la intención de hacer intercambio por otros similares, que obviamente deberían conservarse en buen estado. Estas transacciones de trueque se hacían en la puerta del teatro. “Este lo tengo, lo tengo…este no lo tengo. Listo. Escoja de los míos”. Y así se hacían los intercambios, sin misterio y sin pagar IVA.
Luego se hacía la cola para entrar al Cine. Generalmente iba al Teatro Quiminza en donde presentaban funciones de matinal con películas del viejo oeste, Roy Rogers, Hopalong Cassidy, El Llanero Solitario. La función principal era precedida por la presentación de lo que se denominaba “cortos” , que eran por lo general en dibujos animados de Tom Y Jerry, Mickey Mouse, El Pato Lucas.
Durante el intermedio se presentaba el desfile de los vendedores de golosinas. Pasaban con una especie de cajón blanco sostenido por unas tirantas, voceando: “Obleas, maní, papa frita!”.
De igual manera estaba la dulcerìa o confitería en donde se compraban gaseosas, colombinas, dulces charms, chocolatinas, chicles Bebidas Gaseosas de ese entonces y que hoy ya no se encuentran: la Kolcana (jarabe horroroso que pretendía competirle a la Cocacola, pero era famosa porque de tres botellas, una resultaba gratis), Kola Hipinto, Lux de Tamarindo, Orange Crush.
Cuando se iniciaba la función, el fervor de la chiquillada era tremendo. El zapateo, simulando el galopar de los caballos, de los cuales Plata era el más famoso. “Arre Plata”. Los personajes eran fácilmente identificables: El “Tipo”, los buenos, y los malos. Todas las aventuras del viejo oeste, con los clásicos mineros, el sufrido sheriff, los ricachones ávidos de dinero y del vil metal, que tenían a su servicio a los matones. O en otras se trataba sobre la construcción de los ferrocarriles, los asaltos a los trenes que llevaban el dinero del banco- Es de mencionar que este tipo de cine era presentado en negro y blanco. El color lo poníamos los espectadores, quienes con sus apuntes y su gritería manifestando las emociones y la solidaridad con los buenos, hacía exclamar, como en el caso de mi primo, Armando Merizalde, quien no podía resistirse a advertirle al personaje de la película: “Cuidado tipo, cuidado tipo!”, cuando iba a ser víctima de un ataque traicionero.
Una vez finalizada la película, salíamos con mis recordados Primos, los Pieschacòn y los Merizalde a revivir las escenas y los encuentros, o los duelos. Nos dividíamos entre los Buenos y los Malos para formar los dos bandos, con caballitos de madera cabalgando por las empinadas calles tunjanas. De estas disciplinadas visitas al Cine, surgió la fiebre empresarial por el Teatro y la exhibición de películas de Don Camilo Pieschacòn.
Definitivamente, el Teatro Quiminza fue un escenario importante en nuestra infancia, y siempre le fuimos fieles a la función de Matinal los domingos.
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22 Septiembre 2011
MATINAL EN EL QUIMINZA
Mi infancia transcurrió en la ciudad de Tunja, por allá en los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Por esa época, recuerdo que las jornadas del colegio eran de lunes a viernes, durante todo el día, con dos horas de descanso para ir a almorzar a la casa. Los sábados, se asistía al colegio durante las horas de la mañana, y se remataba con la entrega de los temibles Boletines.
Si el dictamen del Boletín era “Excelente”, Sobresaliente o Bueno, se hacía uno acreedor al premio que consistía en poder ir al Cine el domingo en horas de la mañana, en la función de Matinal, a las once.
La verdad, a diferencia de los niños de hoy en día, una ida a cine, había que “ganársela”. Nada era gratis, siempre había que hacer mérito para ello.
El domingo resultaba un día muy especial. Era el día más esperado de toda la semana. Misa temprana. Desayuno sin afanes, bastante surtido. Un vaso de jugo de naranja, la típica “changua”, que consistía en un caldo lechoso con almojábanas o tostadas, cebolla y cilantro, Huevos pericos con cebolla y tomate, taza de chocolate espumoso y cantidades de pan. En mi familia se acostumbraba a mezclar en la taza de chocolate un buen trozo de queso campesino, que se derretía, por lo que se lo tomaba con cuchara.
El desayuno se servía después de la misa, porque para ese entonces, había que ir en ayunas para poder comulgar. Era una disposición de la Iglesia que para recibir “el cuerpo de Cristo”, se debía hacer en ayunas. Y sin trampas….nada de bocaditos antes de misa.
Después de cargar baterías con el desayuno, se dedicaba uno a preparar su colección de “cuentos”, o cuadernillos de comics, como La Pequeña Lulú, Pato Donald, Tribilìn, Periquita, etc. Estos cuentos se llevaban al teatro con la intención de hacer intercambio por otros similares, que obviamente deberían conservarse en buen estado. Estas transacciones de trueque se hacían en la puerta del teatro. “Este lo tengo, lo tengo…este no lo tengo. Listo. Escoja de los míos”. Y así se hacían los intercambios, sin misterio y sin pagar IVA.
Luego se hacía la cola para entrar al Cine. Generalmente iba al Teatro Quiminza en donde presentaban funciones de matinal con películas del viejo oeste, Roy Rogers, Hopalong Cassidy, El Llanero Solitario. La función principal era precedida por la presentación de lo que se denominaba “cortos” , que eran por lo general en dibujos animados de Tom Y Jerry, Mickey Mouse, El Pato Lucas.
Durante el intermedio se presentaba el desfile de los vendedores de golosinas. Pasaban con una especie de cajón blanco sostenido por unas tirantas, voceando: “Obleas, maní, papa frita!”.
De igual manera estaba la dulcerìa o confitería en donde se compraban gaseosas, colombinas, dulces charms, chocolatinas, chicles Bebidas Gaseosas de ese entonces y que hoy ya no se encuentran: la Kolcana (jarabe horroroso que pretendía competirle a la Cocacola, pero era famosa porque de tres botellas, una resultaba gratis), Kola Hipinto, Lux de Tamarindo, Orange Crush.
Cuando se iniciaba la función, el fervor de la chiquillada era tremendo. El zapateo, simulando el galopar de los caballos, de los cuales Plata era el más famoso. “Arre Plata”. Los personajes eran fácilmente identificables: El “Tipo”, los buenos, y los malos. Todas las aventuras del viejo oeste, con los clásicos mineros, el sufrido sheriff, los ricachones ávidos de dinero y del vil metal, que tenían a su servicio a los matones. O en otras se trataba sobre la construcción de los ferrocarriles, los asaltos a los trenes que llevaban el dinero del banco- Es de mencionar que este tipo de cine era presentado en negro y blanco. El color lo poníamos los espectadores, quienes con sus apuntes y su gritería manifestando las emociones y la solidaridad con los buenos, hacía exclamar, como en el caso de mi primo, Armando Merizalde, quien no podía resistirse a advertirle al personaje de la película: “Cuidado tipo, cuidado tipo!”, cuando iba a ser víctima de un ataque traicionero.
Una vez finalizada la película, salíamos con mis recordados Primos, los Pieschacòn y los Merizalde a revivir las escenas y los encuentros, o los duelos. Nos dividíamos entre los Buenos y los Malos para formar los dos bandos, con caballitos de madera cabalgando por las empinadas calles tunjanas. De estas disciplinadas visitas al Cine, surgió la fiebre empresarial por el Teatro y la exhibición de películas de Don Camilo Pieschacòn.
Definitivamente, el Teatro Quiminza fue un escenario importante en nuestra infancia, y siempre le fuimos fieles a la función de Matinal los domingos.
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18 Julio 2011
El Pueblito Boyacense, es un pequeño caserío conformado por unas 16 manzanas, que contienen la arquitectura de diferentes municipios de ese bello y acogedor territorio colombiano. Recorriendo sus aseadas y pintorescas callecitas, puede uno recordar Villa de Leiva, Ráquira, Tenza, Tibasosa, Mongui, Sáchica y El Cocuy. La idea surgió hace unos doce años, con el propósito de brindarle vivienda económica al gremio de artistas, de pintores, escultores, artesanos, músicos. Se encuentran bellas casitas de una o dos plantas, con balcones o ventanas cuidadosamente decoradas, algunas plazoletas, parquecitos, capilla, espacio para conciertos. Existen locales comerciales para degustar los diversos platos típicos de la región, postres, artesanías, pinturas, esculturas, tejidos. Hostales. Sus habitantes invitan a conocer las casitas en su interior. En fin, es un excelente plan para conocer la cultura andina, recrear la vista, caminar, saborear un exquisito tinto, o café, o si prefiere un típico “canelazo”, el inigualable jugo de feijoa, o la crema de curuba. Deliciosas almojábanas, mantecadas, arepas boyacenses, el queso paipano, etc.
El ingreso al Pueblito Boyacense tiene un costo simbólico de Tres mil pesos, cerca de un dólar con cincuenta, por vehículo. . Espero que su próximo paseo sea para conocer el Pueblito Boyacense, a tres horas de Bogotá, por una de las mejores carreteras de Colombia, doble calzada, con un clima agradable de 16 grados en promedio. De Bogotá a Duitama se deben pagar cuatro peajes, a seis mil cien pesos cada uno.
Un merecido aplauso a los forjadores de esta iniciativa, que a la vez que estimulan el desarrollo de las artes, les dan una merecida recompensa a quienes ejercen estas actividades, de por sí alejadas del interés remunerativo, se crea un espacio turístico que hace de la ciudad de Duitama un nuevo atractivo para quienes visiten a Colombia.
Boyacá los espera!
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1 Marzo 2011
En el camino del "desarrollo urbano", Pasadena, un pequeño barrio residencial de Bogotá, ha visto desaparecer su amplias casas para cederle paso a nuevos edificios, que inicialmente eran destinados a apartamentos, pero que hoy ya se está permitiendo para edificios de oficinas y de consultorios médicos, cambiando la naturaleza del barrio anteriormente exclusivamente residencial.
Algunos constructores son relativamente serios en su proceso de construcción, otros motivados solo por un apetito voraz en obtener utilidades, sin importar ni la estética, ni la seguridad en su proceso de construcción, sin consideración alguna realizan profundas excavaciones que les permitan utilizar varios pisos de sótanos como parqueaderos.
Curiosamente esta actividad se presenta como uno de los rubros indicativos de "crecimiento y desarrollo".
Pues bien, hace un par de días, nuestro barrio se estremeció ante el desplome de tres casas, generado en la excavación de un lote aledaño para construir un edificio de consultorios médicos.
Una de las casas que se desplomaron estaba habilitada como hogar geriátrico.Estos ancianos y los demás residentes se vieron obligados a buscar refugio temporal en casa de vecinos solidarios.
Los constructores en acto de "responsabilidad social" están colaborando para terminar de tumbar lo que queda de las casas.
Lo que sigue es el interminable proceso judicial para tratar de obtener alguna indeminización de los irresponsables constructores, que obvio cuentan con todos los permisos oficiales.
Mientras tanto, este es el nuevo escenario que presenciaremos los habitantes de mi barrio en Bogotá.
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8 Octubre 2010
Requiem por los Libreros
Debo confesar que me formé en un medio en donde existía veneración hacia los libros, cualesquiera fuera su calidad o su procedencia. Crecí en una fría población andina colombiana. Tunja, que para muchos es una ciudad sin atractivos especiales, y seguramente ese es su secreto. Ciudad silenciosa, de gentes calladas, especialmente acogedora para actividades como el estudio y la lectura. De Tunja, me trasladé a la ciudad capital, Bogotá, para adelantar mis estudios universitarios. El ambiente de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional obviamente reforzaba ese cariño hacia la lectura y hacia los libros. Mis viajes al centro de la ciudad eran constantes, porque tenían especial interés. Hacía visitas a las pequeñas librerías, en donde su propietario era a la vez el vendedor y se convertía en el asesor y orientador que uno necesitaba. Por lo general, se empleaban en esas minitertulias un par de horas acompañadas de un buen café.
Hoy, visitar al centro de la ciudad es decepcionante porque ya no existen las pequeñas librerías. Los libros ahora se encuentran al lado de las cajas registradoras en los grandes supermercados o en pequeños locales ubicados en los aeropuertos.
Quiero hacer un reconocimiento de nostalgia por el viejo librero a quien no lo motivaba el ánimo mercantilista, sino el de inculcar en los demás un perpetuo amor por los libros.


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6 Septiembre 2010
Guasca es una curiosa poblacion cercana a la ciudad de Bogota. Cuenta con una carretera totalmente pavimentada, recorriendo uno de los mejores paisajes de la Sabana de Bogota, tomando la via de La Calera, desviando antes de llegar a Sopo. Sus habitantes, orgullosos de sus ancestros son extremadamente amables. Recomiendo una panaderia, la de Dona Amparo, que constituye toda una baraja de tentaciones para el paladar. Postres panes de toda clase, almojabanas pandeyucas, tipicos tamales, acompanados de un espumoso chocolate o de un cafe bien caliente. La plaza principal es bellisima, tiene una fuente, con algunas imagenes en piedra. La Iglesia es imponente y se ve desde muchos kilometros antes. Un lugar obligado de visitar es su Oratorio, . Guasca es cuna de uno de los presidentes que ha tenido Colombia: Mariano Ospina Rodriguez.
Guasca es un sitio ideal para realizar el acostumbrado paseo dominical de los capitalinos.
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3 Noviembre 2009
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De cómo el pequeño Gael adquirió una aversión al Yogurt
Después de ocho años de vivir en la ciudad de Nueva York, la familia Navarrete Moreno decidió regresar a su Chile del alma, haciendo una corta parada en Colombia, de tan solo tres días.
Tuvimos el grato pla
cer de acompañarlos durante un día en su paso por Bogotá, en donde su propósito era el de visitar a una tía de Erika.
Para conocimiento de todos, debemos contar que tanto Gastón, como Erika son fanáticos de los platos de Crepes and Waffles. A pesar de que el viaje lo hicieron en primera clase, no veían la hora de llegar a una mesa de Crepes para degustar algunos de sus exquisitos platos, así como sus helados.
Debo reconocer que cometí algunos errores de cálculo, por ejemplo, los llevé al Crepes del centro comercial Boulevard Niza. Primer error grave. El centro se encuentra en remodelación. Vale decir que sus instalaciones parecen el resultado de un inclemente bombardeo. Ni los parqueaderos se salvan, la poca señalización existente no corresponde al sentido de las vías actuales. Es decir, si se quiere ir a un lugar determinado, lo mejor es tomar las flechas al contrario, porque de lo contrario dará contra alguno de los muros o de las cercas verdes que invaden por doquier el parqueadero de este caótico centro comercial.
Pero de ninguna manera esta circunstancia ahuyenta la fiel y creciente clientela de Crepes. Se debe hacer la rigurosa fila de quince o veinte minutos para lograr ser ubicado en alguna mesa.
Nos correspondió la mesera Marta Lucía, quien nos entregó las voluminosas cartas. En un principio podemos calificar su atención de normal, a pesar de lo concurrido del restaurante.
Tanto Gastón, como Erika, como su pequeño hijito de año y medio, Gael, disfrutaron de las exquisiteces de los crepes, de los waffles y de los helados, así como de sus jugos naturales de pura fruta.
Erika venía con un bolso, que podría ser fácilmente un morral para el viaje de algún joven durante un camping de fin de semana. Erika, muy previsiva, traía los elementos que consideraba necesarios para atender a su pequeños hijito Gael: o sea: tres pañales desechables, un biberón, cuatro compotas, frutas finamente picadas, guardadas en un recipiente térmico, con sus cubiertos, dos mudas de ropa completas, algunos juguetes de la última generación, cereales, leche especial , lo anterior, sin olvidar lo indispensable para el uso de la misma Erika. A todo lo anterior se le debe agregar un yogurt que había comprado en el aeropuerto Kennedy por si llegaba a necesitarlo para Gael.
Pues bien, he aquí que en el instante en que Gael manifestó con profundos mensajes olfativos que era necesario y urgente el cambio de pañal, Erika procedió a abrir su bolso nada diminuto, encontrándose con la muy desagradable sorpresa del envase del yogurt explotado, probablemente debido a la presurización del avión…!!!
Empezó a desalojar cada objeto y elemento que con tanto cuidado maternal había incluido en el práctico bolso, y la verdad se debe expresar: no se salvó ninguno de quedar soberbiamente impregnado de una buena cantidad de yogurt.
A todas estas, el pequeño Gael no entendía la demora de sus progenitores en el cambio inmediato y refrescante de su pañal, y ya no solo del pañal, sino del pantalón y de la camisetica.
En conclusión debo reconocer que no hubo cantidad suficiente de servilletas que la anteriormente atenta mesera alcanzara, cada vez en menor número, demostrando una extraña tacañería y una total indiferencia frente a tamaña emergencia maternal.
Todos entenderemos si en un futuro cercano nuestro pequeño Gael se torna alérgico a los yogures.
Bogotá, Noviembre 2 de 2009
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